Los pies en el aire. La cabeza en el suelo.
Nadie pertenece a nadie. Nadie pierde a nadie. Y por supuesto, nadie se muere de amor. Y si eres de los que piensan lo contrario, cariño... siento decirte que no te quieres una mierda. No dejes que tu felicidad dependa enteramente de otra persona, porque cuando esa persona desaparezca no habrá pañuelos suficientes, ni terapias efectivas para hacerte sonreír de nuevo. Créeme, que en ese momento en el que desaparezca tienes el derecho y el deber de ser la más egoísta del planeta.
Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad.
No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas la responsabilidad de completar lo que nos falta.
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