Con el
tiempo aprendes que estabas equivocado. Que nada de eso que estabas haciendo y
promoviendo significaba “tener una pareja”, al menos no una pareja equilibrada.
Te das
cuenta de ello cuando os ayudáis a crecer mutuamente (y no a decrecer o ir
hacia atrás), cuando entendéis que eso de quererse va mucho más allá, y que
empieza por decir adiós al egoísmo.
Verdaderamente
te das cuenta de lo que significa “ser feliz con tu pareja” en el momento en
que sabes que no sirve el frustrarse porque el otro no piense o actúe en
determinadas situaciones como tú pienses o quieres que actúe, o simplemente
como tú consideres que es correcto (por muy convencido que estés). Ahora sabes que no consiste en eso. Tampoco
se trata de aprender a aceptar y resignarse a aceptar ese tipo de
frustraciones. No, de hecho no se trata de un aprendizaje, sino que simplemente
“te sale de dentro”.
Te sale
quererle aunque te lleve la contraria en todo. Te sale besarle aunque haga
cosas raras, alocadas o sin sentido. Sencillamente sale de ti el no querer
cambiar nada en absoluto, porque le quieres así, con su modo de pensar, con su
modo de hacer las cosas.
De eso
se trata.
Y si por
un casual, aquellas frustraciones te superan. Ten la decencia y dignidad de
marcharte a tiempo. Sin pretender cambiar aquello que más amas.





