jueves, 14 de noviembre de 2013

De eso se trata.

Con el tiempo aprendes que estabas equivocado. Que nada de eso que estabas haciendo y promoviendo significaba “tener una pareja”, al menos no una pareja equilibrada.

Te das cuenta de ello cuando os ayudáis a crecer mutuamente (y no a decrecer o ir hacia atrás), cuando entendéis que eso de quererse va mucho más allá, y que empieza por decir adiós al egoísmo.

Verdaderamente te das cuenta de lo que significa “ser feliz con tu pareja” en el momento en que sabes que no sirve el frustrarse porque el otro no piense o actúe en determinadas situaciones como tú pienses o quieres que actúe, o simplemente como tú consideres que es correcto (por muy convencido que estés).  Ahora sabes que no consiste en eso. Tampoco se trata de aprender a aceptar y resignarse a aceptar ese tipo de frustraciones. No, de hecho no se trata de un aprendizaje, sino que simplemente “te sale de dentro”.

Te sale quererle aunque te lleve la contraria en todo. Te sale besarle aunque haga cosas raras, alocadas o sin sentido. Sencillamente sale de ti el no querer cambiar nada en absoluto, porque le quieres así, con su modo de pensar, con su modo de hacer las cosas.

De eso se trata.


Y si por un casual, aquellas frustraciones te superan. Ten la decencia y dignidad de marcharte a tiempo. Sin pretender cambiar aquello que más amas.

martes, 20 de noviembre de 2012

Reflexiones y verdades.

"Al primer amor se le quiere más; a los siguientes, se les quiere mejor."
Hace poco leí esta frase, no sé dónde, pero lo he pensado y creo que tiene más razón que un santo. Al primer amor de verdad (con esto me refiero a la primera relación duradera), se le quiere como si no existiera un mañana. Como si mañana te fueses a despertar y el mundo se hubiera sumido en un terrible apocalipsis. Por eso sufrimos ese ansia viva de acaparación de la otra persona. Esto implica el querer estar 37 horas al día pegadas al sobaco del otro. También esos nervios estomacales cada vez que os vais a ver (aunque ya llevéis 8 meses saliendo y os veáis cada día). Y por supuesto repercute no sólo en lo que uno hace, sino en las expectativas que tenemos sobre nuestra pareja, llegándole a exigir toda clase de chorradas pero que en ese momento, obviamente, nos parece lo más importante del universo, y llevándonos a hacernos preguntas tales como: "¿por qué nunca me lleva a cenar a algún sitio especial?","¿por qué no tiene detalles románticos, aunque sea unas flores?", "¿por qué no me dice cosas bonitas constantemente?", o la mítica: "¿por qué no me llama/escribe/manda señales de humo si está conectado??!". Esto lo hemos sufrido TODAS y quien diga que no, miente!
Cuando estamos en esa primera relación, tu vida puede convertirse en una montaña rusa. Si estáis bien, el mundo es de color de rosa y hasta un mojón de mierda te podría inspirar para escribir un poema de amor (hablando basto y claro); pero en el momento en el que hay discordia con la pareja... en fin, ya sabemos todos como se siente una en esos momentos, tampoco hace falta que lo explique. Y es así de fácil. Tristemente, nuestra vida en ese periodo corto de nuestra vida, depende enteramente de otra persona (a veces en un porcentaje menor al 100%, dependiendo de la madurez e inteligencia con que nos pille ese primer amor). Nuestra felicidad, nuestra satisfacción y nuestro bienestar PROPIO lo estamos dejando en manos de otro, se convierte entonces en algo completamente externo a nosotros y que por tanto no podemos manejar aunque queramos. Esto, señoras y señores, suele ser el error de la mayoría de esas primeras relaciones, y en muchos casos, de las segundas, terceras,... Pero no me quiero ir por las ramas. El caso es que tras el fracaso de esa primera relación, con ese hombre que era el hombre de tu vida, con el que te ibas a casar, tener 3 hijos (elegidos ya sexo y nombre para todos ellos), y vivir una vida llena de amor y corazoncitos everywhere; llega el segundo y al menos ya vienes escarmentada y con la lección aprendida (o al menos, deberías). En esta siguiente relación con otra persona, no sé si se le quiere más o si se le quiere menos, pero lo que está claro es que se le quiere mejor. 
La clave de la cuestión pienso que está en el sentido común. Querer con sentido común. Para eso primero tenemos que haber aprendido a diferenciar lo esencial de lo no esencial, tener claras nuestras prioridades. Es decir, si atribuyes todo el peso de tu estado de ánimo (o felicidad o como lo llames) a la otra persona, le estás dando total control emocional sobre ti, y eso no es justo para nadie y claramente te perjudica a ti, porque en el momento en el que haya una mínima crisis... cataplof! Hay que saber dónde colocar esa "felicidad personal". Que sí, que es muuuy bonito querer mucho a la otra persona, y entregarse y etc., pero la gente no parece comprender que el amar a otra persona no es eso, y que es compatible con otros planos de la vida. Está tu pareja, pero resulta que tienes una familia, unos amigos, está el trabajo, o los estudios, las mil aficiones que puedas tener, la salud (cosa que no agradecemos nada, por cierto), y un largo etcétera que depende ya de cada uno. Por eso como decía, en esa segunda relación todo es distinto. Dejas de darle importancia a ciertas cosas que te das cuenta que en realidad son banales, no son esenciales. Dejas de exigir y empiezas a dar, no porque sea lo que consideres que un novio o novia deba hacer o porque tratas como quieres que te traten a ti, sino porque es lo que te nace. Ya no te levantas pensando que ese hombre que está a tu lado es el hombre de tu vida con el que pasarás el resto de tu existencia, sino pensando que no sabes si será el último o no, pero mientras dure, quieres hacerle la persona más feliz del universo.




viernes, 17 de agosto de 2012

Llámalo X.



No puedo darte soluciones para todos los problemas de tu vida, ni tengo respuesta para tus dudas o temores; pero puedo escucharte y buscarlas contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro; pero cuando me necesites estaré junto a ti. No puedo evitar que tropieces, solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son mios; pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz. No juzgo las decisiones que tomas en la vida; me limito a ayudarte y apoyarte si me lo pides.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debes actuar; pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer. No puedo evitar tu sufrimiento cuando alguna pena te parta el corazón; pero puedo llorar contigo. 
No puedo decirte quién eres, ni quién deberías ser; solamente puedo quererte como eres. No puedo decir qué debes hacer en cada momento, solo te puedo aconsejar.

En estos días me puse a pensar en todos los momentos felices que tengo en mi vida. Y ¿sabes qué? Soy una persona feliz, tengo más momentos de los que imaginaba y tengo amigos que ayudan y demuestran que soy importante para ellos. Veo la sonrisa espontánea y la alegría que sienten al verme.
No eres el número uno, ni el número final. Lo que sé es que destacas por alguna cualidad. Basta con que me quieras tal y como soy y entonces entendí lo que es esto para mí.




miércoles, 6 de junio de 2012

Uno de los grandes.

Es un crack y un pedazo de artista, y lo demostró este sábado en Getafe... las dos horas de concierto con el vello de punta y eso no es algo fácil de conseguir. Cómo llenó el escenario... Para quien no lo haya escuchado, se lo recomiendo. Compone impresionante, letras muy profundas de esas que te hacen pensar, y además no sé cómo lo hace pero transmite de una forma que pocos saben. 
Si antes ya me gustaba, en directo mucho más. Un puto placer!
Nos vemos de nuevo el 27 de junio Iván Ferreiro!







lunes, 28 de mayo de 2012

MEMORIES.

En serio. Creo que tengo el "síndrome de diógenes de los recuerdos". Suena como la enfermedad más aberrante del planeta, pero es 100% verídico esto que explico... Esta enfermedad consiste en la manía-obsesión de acumular todos los recuerdos posibles, ya sea en formato material o en formato mental. Del material tengo ya más de una caja llena de papelajos, tickets, fotos, souvenirs, cartas, cintas, entradas de cine, hasta algún juguete de happy meal del McDonalds. El formato mental es otra historia. Ahí es donde está realmente el problema porque, al fin y al cabo, tener una caja llena de trastos no es para tanto. Pero todo eso que no puede guardarse en una caja, ¿dónde queda? Porque si tenemos que confiar en nuestra memoria... ¡apaga y vámonos! Un acento, una sonrisa, una broma, una noche loca, la complicidad, un viaje, un consejo, palabras que calan hondo, un sueño de esos raros, mil chorradas, todo lo que dijimos en una segunda cita (porque de la primera, si no hubo segunda... mejor no acordarse), una tarde tonta y sobre todo esos días en los que pensaste "hoy he sido feliz" aunque no hubiese pasado nada en especial. Me parece una tremenda injusticia que el tiempo y nuestra mierda de memoria nos condenen a olvidar tantas y tantas cosas.
Pero por sacar algo positivo, como yo creo que se le debe sacar siempre a todo, este olvido masivo de experiencias no significa que no haya sido importante, verdadero o real. Puede que no te acuerdes de los detalles pero al menos al pensarlo te vendrá a la cabeza un "qué tiempo tan feliz".

lunes, 21 de mayo de 2012

Relapse.

Ahora le da por pensar que eres de piedra, que sigues sintiendo pero que lo reprimes, como hace ella. Pero sabe que es sólo una excusa que se inventa cada noche para dormir, una vez más sin saber nada de ti.
Ha pasado mucho tiempo ya. Demasiado. Y aún a ratos, ya ves...



domingo, 20 de mayo de 2012

After all, no regrets.

Eh amigo, ya es tarde... Un día leerás GAME OVER en tu pantalla y no habrá ninguna moneda que insertar para volver a empezar. Haz la lista de las cosas que quieres hacer y deja todo hecho antes de poder arrepentirte. Vamos, di sí a las Vegas a las 3 de la mañana. ¿Cuánto estás dispuesto a arriesgar por una aventura? Y no crezas seguirás sin entender nada a los 80. Péinate como una princesa interestelar, vive como una estrella del rock, y el mundo será tu groupie. Sé el blanco en un lanzamiento de cuchillos. Cambia tu identidad, sólo tú sabes quién eres. Intenta ser valiente, aunque no le des demasiada importancia. y SI TIENES QUE EQUIVOCARTE, HAZLO A LO GRANDE. Al final podrás decir: había cosas que quería hacer... y fueron exactamente lo que hice. A fin de cuentas, sin remordimientos.